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La Depresión… Más allá de la Tristeza

La tristeza es una emoción, que junto con la alegría, la ira o el asco, nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida. En nuestra interacción con el mundo, son muchas las veces que experimentaremos éstas y otras emociones. Somos así. Un cóctel de emociones, que pasa de la alegría al enfado en cuestión de momentos.

Se trata por tanto, de una reacción natural; una forma de expresar aquello que nos duele y nos aflige y liberarnos. Aunque pueda ser una emoción no muy deseada, es tan necesaria como la alegría. Es bueno permitirse estar tristes de vez en cuando, pues nos ayuda a sanar heridas. No debemos preocuparnos si tenemos ganas de llorar, pues quizás simplemente, lo estemos necesitando.

Déjate sentir tu tristeza, pues es tu herramienta para sentirse bien.

¿Cuándo dejamos de hablar de tristeza para empezar a hablar de depresión?

Como hemos visto, sentirse triste, desanimado o decaído es algo natural, que puede sucedernos a lo largo de nuestra vida, con el devenir de los acontecimientos. Se trata pues de un proceso normal, que es bueno transitar.

El problema viene cuando ese estado de tristeza y decaimiento se prolonga en exceso. Cuando ya ni siquiera recuerdas la razón por la cual empezaste a sentirte así. Cuando además de esto, sientes que te faltan las energías, que no tienes ánimos para nada, que apenas tienes hambre y estar debajo de las sábanas (durmiendo o sin dormir), se convierte en tu actividad preferida del día.

Es en estos momentos, cuando la tristeza pierde su función de ayuda. La persona siente que algo más grande que la tristeza, se apodera de ella, haciendo que cada vez tenga menos ganas de hacer nada, excepto llorar (a veces hasta sin motivo). Parece que todas las cosas que disfrutabas en el pasado, ahora no te resultan tan interesantes como antes… Y no sabes muy bien porqué, simplemente no te sientes bien.

¿Cuáles son los síntomas de la depresión?

La depresión puede manifestarse de muchas formas y a muchos niveles:

  • Síntomas físicos: sensación de cansancio, falta de energía, dormir mucho o muy poco, comer en exceso o perder el apetito, estreñimiento, pérdida o aumento de peso, alteraciones en el cliclo menstrual, pérdida de apetito sexual, dolores generalizados sin causa aparente.
  • Pensamientos: sentimientos de culpa, preocupación, pesimismo, problemas de memoria (despistes), confusión, dificultad para tomar decisiones.
  • Emociones: tristeza, ansiedad, sentimientos de culpa, ira, cambios de humor, sentimientos de desesperanza.
  • Conducta: ataques de llanto, aislamiento (no tener ganas de estar con amigos), descuidar las responsabilidades, abandono del cuidado personal (puede estar varios días sin asearse), falta de motivación.

Estos son algunos de los síntomas que pueden darse en un estado de depresión. Es posible que no se den todos a la vez; si bien es cierto que por lo general, en todo estado depresivo aparecen.

  • cambios en el estado de ánimo; normalmente tristeza y ganas de llorar sin motivo.
  • pérdida de interés en actividades con las que antes podías disfrutar.
  • ansiedad constante, incluso ante actividades cotidianas como ir a comprar.
  • irritabilidad.
  • cansancio excesivo
  • incapacidad para hacer las tareas cotidianas. Ahora te supone un gran esfuerzo hacer tareas como cocinar o hacer la cama.
  • mayor sensibilidad al ruido. Ruidos fuertes, resultan mucho más molestos que antes.
  • cambios en el apetito (aumento o disminución en las gana de comer)
  • problemas para dormir.

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Reconocer que muchas de estas cosas nos suceden puede ser de gran ayuda a la hora de buscar una solución.

Pensemos que todo estado de tristeza profunda es agotador. Sientes que no tienes energía ni ánimos para nada, es como si un aura gris se hubiese apoderado de ti, dejando de ser tu. Esto también afecta a tu relación con los demás. Las relaciones sociales se vuelven tediosas, sin interés. El problema es que alejarnos de los demás, únicamente conduce aún más al abandono, encerrándonos en nuestra propia tristeza; haciendo que salir de ella, se convierta en una tarea realmente difícil de asumir.

Pensar que lo mejor que puedo hacer es quedarme en casa hasta que se me pase esta sensación, no es la mejor opción. Cuánto más nos escondemos, mas grande se hace el monstruo de la depresión; quien acaba por apoderarse de nuestro lugar en el mundo, haciéndonos olvidar qué sentido tiene nuestra vida. A veces por vergüenza, otras veces porque pensamos que “lo tenemos controlado”, no pedimos ayuda. El problema es que, aunque siempre hayamos sido muy fuertes, hay ocasiones en las que una mano externa, puede sernos de gran ayuda.

La depresión no es un signo de debilidad. Se trata de una señal de que has sido fuerte durante demasiado tiempo.

Tengo depresión ¿Qué puedo hacer?

Recibir ayuda especializada siempre será muy importante en estos casos. No obstante, también es mucho lo que tu mismo puedes hacer por tu bienestar.

Estas son algunas de las cosas que puedes hacer para ayudarte:

Intenta mantenerte activo.

Aunque sientas que no tienes ganas, que tu cuerpo no te va a responder; trata de ocupar tu tiempo con alguna actividad de ocio que te permita distraerte. Sal a caminar, haz alguna manualidad, realiza las tareas domésticas… cualquier tarea que te permita ocupar tu mente. Sé que lo único que te pide el cuerpo es estar tirado en el sofá o en la cama, pero esto, al contrario de lo que puedas pensar, no te está haciendo ningún favor. Mantenerte activo, te ayudará a reorganizar tus hábitos, aumento tus niveles de energía física y mental,  te permitirá distraerte de pensamientos dolorosos, incrementando tu sentimiento de bienestar.

Duerme las horas necesarias.

Es importante dormir bien, pues es durante el sueño donde nuestro cuerpo y nuestra mente son “reparados”, para permitirnos funcionar a pleno rendimiento un día más. Si te es difícil dormir, trata de escuchar algo de música relajante por las noches, toma un vaso de leche caliente  o lee algo antes de dormir. No trates de compensar la falta de sueño por la noche con horas de sueño durante el día. Esto sólo hará que tengas menos ganas de hacer cosas durante el día, y te dificultará aún más el conciliar el sueño por la noche.

Cuestiona tus pensamientos: busca el lado positivo.

A veces nos encontramos conque es nuestra propia cabeza la que nos “sabotea”; la que te dice “hoy hubiese sido mejor no haberse levantado de la cama”, “para qué esforzarse si total… no voy a mejorar” Esos pensamientos lo único que hacen es retroalimentar nuestro malestar, haciendo más cuesta arriba nuestro días. Lo que buscamos es detectar todos esos pensamientos negativos que nos invaden y nos hacen sentir tan mal; y cambiarlos por otros pensamientos que sean más realistas. Se trata de aprender que a veces somos demasiado críticos con nosotros mismos y que un pensamiento negativo como “no voy a mejorar…” podemos cambiarlo por “sé que ahora no me siento muy bien, pero sé que he superado muchas cosas en el pasado, me he sentido bien antes y volveré a sentirme bien”.

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Mejorar tu Autoestima

Cuídate a ti mismo. Siéntete bien y cuida tu autoestima; pues es aquello que nos ayuda en momentos difíciles. Es nuestra defensa.  Manten una buena autoestima, confía en ti y date tu lugar en el mundo. Si quieres aprender alguna estrategia para desarrollar tu autoestima, puedes leer la entrada “Aprende a mejorar tu autoestima” 

Haz frente a tus problemas

A veces, cuando tenemos situaciones difíciles, sentimos que no somos capaces de enfrentarnos a ellas y huimos. Esto puede hacer sentirnos algo aliviados a corto plazo, pero es un alivio momentáneo. Evitar los problemas no hará que estos desaparezcan. Es muy importante hacer frente a aquello que nos sucede, pues sólo así podremos cerrar el capítulo de aquello que nos atormenta y seguir con nuestras vidas.

¿Sientes miedo? es normal. Pero piensa que seguramente tienes más capacidades y eres más fuerte de lo que crees. Y si aún con todo, el problema te supera, pide ayuda y consejo. Dos siempre son más fuertes que uno.

Aprende a relajarte

Escucha música relajante, practica yoga o técnicas de relajación, que te permitan relajar todas las partes del cuerpo, eliminando la tensión muscular y produciendo un agradable sensación. Esta práctica te ayudará a dormir mejor y descansar, algo muy importante a la hora de recuperar energía y levantarte así descansado y dispuesto a comenzar el día con ganas.

Poniendo de tu parte, tienes mucho terreno ganado. Recuerda siempre que buscar ayuda de un profesional de la salud, es especialmente importante en estos casos. Pedir ayuda también es de valientes.

Te invito a conocer cómo las Flores de Bach, pueden ayudarte en casos de depresión.

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Soy Mónica Pinzón: psicóloga y terapeuta floral certificada con años de experiencia. Comprueba cómo con las flores de bach y mi terapia te ayudamos día a día. Aprovecha la primera consulta gratuita.